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Una heroína detrás de llamas

  • Writer: Luana Quiroga
    Luana Quiroga
  • Mar 13, 2025
  • 4 min read

“La Amazonía no se está quemando porque quiere quemarse, la están quemando.” De esta manera, la lideresa indígena Patricia Gualiga señala la responsabilidad humana como causa de los incendios en gran parte de Sudamérica el año pasado. Uno de los países más fuertemente afectados por los incendios forestales fue indudablemente Bolivia. La flora y fauna de la región de Santa Cruz y Beni se vio gravemente devastada, pues el fuego arrasó con un aproximado de 10 millones de hectáreas de bosques y pastizales del área, según el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Los principales tipos de propiedad agraria implicados fueron grandes propiedades ganaderas y comunidades asentadas en tierras fiscales. El fuego forzó el desplazamiento de poblaciones indígenas, así como también arrasó completamente con sus cultivos y medios de vida, dejando a muchos sin fuentes de ingreso restantes. De la misma forma, los incendios significan un verdadero peligro para la salud de los comunarios: la deteriorada calidad del aire reduce la función pulmonar y agrava enfermedades relacionadas con los órganos respiratorios, las cenizas contaminan el agua potable y la aspiración de toxinas liberadas por la quema contribuye al deterioro cognitivo. 


Por otro lado, en años pasados, también ocurrieron otros incendios forestales en la zona, uno siendo en la Chiquitanía a mediados del año 2019, no obstante, este es el primer incendio de tan grande magnitud: el año pasado cerramos septiembre con cuatro veces más focos de calor que el año pasado. Tal hecho nos conduce a la siguiente pregunta: ¿por qué cada año vuelve a suceder este tipo de catástrofes y, según el número de hectáreas quemadas, es cada vez peor? Las causas principales son atribuidas a prácticas agropecuarias descontroladas, conocidas como “chaqueos” en Bolivia, las cuales están respaldadas por un conjunto de programas y legislaciones, coloquialmente denominadas “leyes incendiarias”, que permiten el aumento de la frontera agropecuaria en Bolivia de 12 millones de hectáreas. Según autoridades, esta serie de leyes busca apoyar a productores pequeños y medianos del sector agricultor y ganadero, sin embargo, muchas veces es abusada con el propósito de apropiación ilegal de tierras. La Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) informó que el sector productivo en su conjunto solo posee el 29% de las tierras de la región, por lo que el 78,4% del fuego se encuentra en tierras fiscales y comunidades indígenas, demostrando la inefectividad y los significativos daños colaterales causados por esta legislatura. Asimismo, las sanciones por las quemas ilegales en Bolivia son las más bajas de toda Latinoamérica por hectárea quemada (el equivalente a 0.30 USD), resultando en un amplio incumplimiento de los límites de quema. Luego de numerosas protestas en las calles bolivianas a favor de la abrogación de este conjunto de leyes, finalmente se empezaron a hacer algunas modificaciones. 


Pese a recientes cambios, muchos aún cuestionan el porqué de estas políticas y los motivos de la acción tardía por parte del gobierno frente a los incendios. Según reportes oficiales nacionales, tuvieron que pasar meses de fuegos y más de siete hectáreas destruidas (es decir, cuando el fuego ya era incontrolable) para que el gobierno decida finalmente tomar acción. El desinterés gubernamental de actuar frente a la problemática refleja sus intereses políticos: la estrecha relación por parte del gobierno con sectores agroindustriales y cocaleros continúa dificultando la implementación de regulaciones ambientales más estrictas. La presión que estos sectores ejercen sobre el gobierno resulta en una legislación que se encuentra completamente a su beneficio, dejando de lado la inhumana destrucción que dejan por detrás.


Fotografía de archivo de un bombero que trabaja para contener un incendio en una zona verde, en la ciudad de Manaos, Amazonas (Brasil). EFE/ Raphael Alves
Fotografía de archivo de un bombero que trabaja para contener un incendio en una zona verde, en la ciudad de Manaos, Amazonas (Brasil). EFE/ Raphael Alves

Frente a desastres tan grandes y una ayuda precaria por parte del gobierno, la ayuda voluntaria y externa se ve extremadamente necesitada. Ahí, bomberos voluntarios, como Carmiña Paz, toman responsabilidad sobre el asunto. Carmiña Paz se formó como parvularia, fue profesora de Kindergarten y continúa trabajando en un colegio; empero, su compromiso con su comunidad continuó creciendo incansablemente, de forma que el año 2018 empezó a operar como bombera voluntaria en la ciudad de La Paz. Desde ahí, ella continúa estando fuertemente involucrada con rescates, tanto como a nivel departamental y nacional, y ha otorgado cantidades significativas de ayuda humanitaria. 


Fruto de su compromiso con el cuartel, se convirtió en la primera mujer comandante de una asociación de bomberos en la ciudad. Sin embargo, eso no ha sido nada fácil para ella. Carmiña ha tenido que afrontar constantes críticas y maltratos por parte de muchos de sus compañeros: “Nuestra sociedad sigue estando fuertemente plasmada por el machismo. Cuando te ven avanzar, les cuesta mucho”. Asimismo, ella expresó que el fuerte esfuerzo físico prolongado durante sus turnos y el estar separada de su familia durante tanto tiempo, ha sido muy difícil de conllevar: “es por eso que yo siempre digo que los verdaderos héroes, en realidad, no somos nosotros, sino, nuestra familia. Me duele mucho no poder comunicarme durante varios días con mi hija y dejarla con esa incertidumbre.” 


Pese a que su recorrido no ha sido para nada simple, sus motivaciones consiguieron perdurar y, ahora, son mucho más fuertes. Ella expresa que su trabajo va dirigido a las futuras generaciones: “ustedes no merecen un mundo así. Yo, como adulta, siento que tengo la responsabilidad de luchar por un lugar mejor para ustedes”. De la misma forma, arraigada a sus valores, ella cree que nosotros, los seres humanos, somos seres intrínsecamente solidarios, resaltando la importancia de buscar activamente un lugar donde podamos demostrar nuestro envío y voluntad de ayudar. 


Pese a que el apoyo por parte de las autoridades locales es realmente reducido, ella aspira que, durante su gestión, su cuartel siga creciendo y puedan seguir expandiendo su impacto positivo en nuestra ciudad y a nivel nacional. Durante los incendios forestales del año pasado, ella y su equipo ayudaron significativamente en la evacuación de personas y animales, consiguiendo reducir las causalidades del desastre. Asimismo, al reducir el alcance de la destrucción, fue posible limitar las pérdidas económicas en agricultura e infraestructura. Por otro lado, por medio de la fomentación de actos de solidaridad en su día a día, ella y su equipo continúan inspirando a la siguiente generación de líderes y generadores de cambio: “Yo espero que más bolivianos puedan abrir sus corazones y dedicarse, al menos por un tiempo de su vidas, a los demás, pues con entrega en hermandad, no hay obstáculo que pueda detenernos”.


 
 
 

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